Por una jarra de vino

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Había una vez un rey. Este era el monarca de un pequeño país: el principado de Uvilandia. Su reino estaba lleno de viñedos y todos sus súbditos se dedicaban a la fabricación de vino. Con la exportación a otros países, las 15.000 familias que habitaban Uvilandia ganaban suficiente dinero como para vivir bastante bien, pagar los impuestos y darse algunos lujos.
Hacía ya varios años que el rey estudiaba las finanzas del reino. El monarca era justo y comprensivo, y no le gustaba la sensación de meterle la mano en los bolsillos a los habitantes de Uvilandia. Ponía gran énfasis, entonces, en estudiar alguna posibilidad de rebajar los impuestos.
Hasta que un día tuvo la gran idea. El rey decidió abolir los impuestos. Como única contribución para solventar los gastos del estado, el rey pediría a cada uno de sus súbditos que una vez por año, en la época en que se envasaran los vinos, se acercaran a los jardines del palacio con una jarra de un litro del mejor de su cosecha. Lo vaciarían en un gran tonel que se construiría para entonces, para ese fin y en esa fecha.
De la venta de esos 15.000 litros de vino se obtendría el dinero necesario para el presupuesto de la corona, los gastos de salud y de educación del pueblo.
La noticia fue desparramada por el reino en bandos y pegada en carteles en las principales calles de las ciudades. La alegría de la gente fue indescriptible. En todas las casas se alabó al rey y se cantaron canciones en su honor.
En cada taberna se levantaron las copas y se brindó por la salud y la prolongada vida del buen rey.
Y llegó el día de la contribución. Toda esa semana en los barrios y en los mercados, en las plazas y en las iglesias, los habitantes se recordaban y recomendaban unos a otros no faltar a la cita. La conciencia cívica era la justa retribución al gesto del soberano.
Desde temprano, empezaron a llegar de todo el reino las familias enteras de los viñateros con su jarra, en la mano del jefe de familia. Uno por uno subía la larga escalera hasta el tope del enorme tonel real, vaciaba su jarra y bajaba por otra escalera al pie de la cual, el tesorero del reino colocaba en la solapa de cada campesino, un escudo con el sello del rey.
A media tarde, cuando el último de los campesinos vació su jarra, se supo que nadie había faltado. El enorme barril de 15.000 litros estaba lleno. Del primero al último de los súbditos habían pasado a tiempo por los jardines y vaciado sus jarras en el tonel.
El rey estaba orgulloso y satisfecho; y al caer el sol, cuando el pueblo se reunió en la plaza frente al palacio, el monarca salió a su balcón aclamado por su gente. Todos estaban felices. En una hermosa copa de cristal, herencia de sus ancestros, el rey mandó a buscar una muestra del vino recogido. Con la copa en camino, el soberano les habló y les dijo:
—Maravilloso pueblo de Uvilandia: tal como lo imaginé, todos los habitantes del reino han estado hoy en el palacio.
Quiero compartir con ustedes la alegría de la corona, por confirmar que la lealtad del pueblo con su rey, es igual que la lealtad del rey con su pueblo. Y no se me ocurre mejor homenaje que brindar por ustedes con la primera copa de este vino, que será sin dudas un néctar de dioses, la suma de las mejores uvas del mundo, elaboradas por las mejores manos del mundo y regadas con el mayor bien del reino, el amor del pueblo.
Todos lloraban y vitoreaban al rey.
Uno de los sirvientes acercó la copa al rey y éste la levantó para brindar por el pueblo que aplaudía eufórico... pero la sorpresa detuvo su mano en el aire, el rey notó al levantar el vaso que el líquido era transparente e incoloro; lentamente lo acercó a su nariz, entrenada para oler los mejores vinos, y confirmó que no tenía olor ninguno.
Catador como era, llevó la copa a su boca casi automáticamente y bebió un sorbo.
¡El vino no tenía gusto a vino, ni a ninguna otra cosa...!
El rey mandó a buscar una segunda copa del vino del tonel, y luego otra y por último a tomar una muestra desde el borde superior. Pero no hubo caso, todo era igual: inodoro, incoloro e insípido.
Fueron llamados con urgencia los alquimistas del reino para analizar la composición del vino. La conclusión fue unánime: el tonel estaba lleno de AGUA, purísima agua y ciento por ciento agua.
Enseguida el monarca mandó reunir a todos los sabios y magos del reino, para que buscaran con urgencia una explicación para este misterio. ¿Qué conjuro, reacción química o hechizo había sucedido para que esa mezcla de vinos se transformara en agua...?
El más anciano de sus ministros de gobierno se acercó y le dijo al oído:
— ¿Milagro? ¿Conjuro? ¿Alquimia? Nada de eso, muchacho, nada de eso.
Vuestros súbditos son humanos, majestad, eso es todo.
—No entiendo –dijo el rey.
—Tomemos por caso a Juan. Juan tiene un enorme viñedo que abarca desde el monte hasta el río. Las uvas que cosecha son de las mejores cepas del reino y su vino es el primero en venderse y al mejor precio. Esta mañana, cuando se preparaba con su familia para bajar al pueblo, una idea le pasó por la cabeza... ¿Y si yo pusiera agua en lugar de vino, quién podría notar la diferencia...?
Una sola jarra de agua en 15.000 litros de vino... nadie notaría la diferencia... ¡Nadie!
...Y nadie lo hubiera notado, salvo por un detalle, muchacho, salvo por un detalle:
¡TODOS PENSARON LO MISMO!
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Ramitas

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Había una vez un Rey muy viejito y sabio que estaba muy muy enfermo. Habían pasado por su reino muchos curanderos que habían intentado hacer que se recuperara pero aunque mucho era el intento que hacían ninguno lograba volverlo a sanar.
Un día un curandero propuso llevarlo al pueblo de donde él provenía para intentar hallar un antídoto y dárselo fresco en el momento en que lo preparaba. Como el rey no sabía que iba a pasar con él, ni cuanto tiempo iba a tardar en volver, dejo a cargo del palacio a sus cuatro hijos.
Una tarde antes de irse llamo a su habitación a sus cuatro hijos y les pidió que fueran al bosque y buscaran ramas, y por supuesto que trajeran todas las que pudiesen hasta el castillo.
Los hijos que cumplían con todo lo que les decía su padre hicieron exactamente lo que él les había pedido.
Cuando regresaron, el rey estiro la mano, alcanzándole a su hijo mayor un largo hilo.
El hijo sorprendido lo tomo y escucho atentamente a su padre quien le pidió que atase todas las ramas juntas.
Cuando las ramas ya estaban atadas, el padre pidió a cada uno de sus hijos que pruebe romperlas.
Probo el primero y por mas fuerza que puso no lo logro, probo el segundo que era aún más fuerte que el primero y tampoco. Y así los cuatro intentaron hacerlo pero ninguno lo pudo romper.
Viendo esto el padre les pidió a cada uno que tomaran una rama del grupo. Todos la tomaron. Luego les pidió que intentaran romperla. Esta vez ninguno fracaso en el pedido.
Así el padre les dejo una importante enseñanza: “las ramas que rompieron cada uno de ustedes también estaban dentro del grupo que no pudieron destruir. ¿Por qué cuando las sacaron del grupo fue tan fácil romperlas?. La respuesta es sencilla, las ramas como las personas son muy frágiles. Sin embargo, cuando están en grupo se hacen fuertes y es muy difícil quebrarlas. Esta es la enseñanza que les dejo. Nunca se separen y así no solo lograran lo que se propongan sino que nadie podrá quebrarlos ”
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La leyenda del arco iris

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Cuentan que hace mucho tiempo los colores empezaron a pelearse. Cada uno proclamaba que él era el más importante, el más útil, el favorito.

El verde dijo: “Sin duda, yo soy el más importante. Soy el signo de la vida y la esperanza. Me han escogido para la hierba, los árboles, las hojas. Sin mí todos los animales morirían. Mirad alrededor y veréis que estoy en la mayoría de las cosas”.

El azul interrumpió: “Tú sólo piensas en la tierra, pero considera el cielo y el mar. El agua es la base de la Vida y son las nubes las que la absorben del mar azul. El cielo da espacio, y paz y serenidad. Sin mi paz no seríais más que aficionados.

El amarillo soltó una risita: “¡Vosotros sois tan serios! Yo traigo al mundo risas, alegría y calor. El sol es amarillo, la luna es amarilla, las estrellas son amarillas. Cada vez que miráis a un girasol, el mundo entero comienza a sonreír. Sin mí no habría alegría”.

A continuación tornó la palabra el naranja: “Yo soy el color de la salud y de la fuerza. Puedo ser poco frecuente pero soy precioso para las necesidades internas de la vida humana. Yo transporto las vitaminas más importantes. Pensad en las zanahorias, las calabazas, las naranjas, los mangos y papayas. No estoy, todo el tiempo dando vueltas, pero cuando coloreo el cielo en el amanecer o en el crepúsculo mi belleza es tan impresionante que nadie piensa en vosotros”.

El rojo no podía contenerse por más tiempo y saltó: “yo soy el color del valor y del peligro. Estoy dispuesto a luchar por una causa. Traigo fuego a la sangre. Sin mí la tierra estaría vacía como la luna. Soy el color de la pasión y del amor; de la rosa roja, la flor de pascua y la amapola”.

El púrpura enrojeció con toda su fuerza. Era muy alto y habló con gran pompa: “Soy el color de la realiza y del poder. Reyes, jefes de Estado, obispos, me han escogido siempre, porque el signo de la autoridad y de la sabiduría. La gente no me cuestiona; me escucha y me obedece”.

El añil habló mucho más tranquilamente que los otros, pero con igual determinación: “Pensad en mí. Soy el color del silencio. Raramente repararéis en mí, pero sin mí todos seríais superficiales. Represento el pensamiento y la reflexión, el crepúsculo y las aguas profundas. Me necesitáis para el equilibrio y el contraste, la oración y la paz interior.

Así fue cómo los colores estuvieron presumiendo, cada uno convencido de que él era el mejor. Su querella se hizo más y más ruidosa. De repente, apareció un resplandor de luz blanca y brillante. Había relámpagos que retumbaban con estrépito. La lluvia empezó a caer a cántaros, implacablemente. Los colores comenzaron a acurrucarse con miedo, acercándose unos a otros buscando protección.

La lluvia habló: “Estáis locos, colores, luchando contra vosotros mismos, intentando cada uno dominar al resto. ¿No sabéis que Dios os ha hecho a todos? Cada uno para un objetivo especial, único, diferente. Él os amó a todos. Juntad vuestras manos y venid conmigo”.

Dios quiere extenderos a través del mundo en un gran arco de color, como recuerdo de que os ama a todos, de que podéis vivir juntos en paz, como promesa de que está con vosotros, como señal de esperanza para el mañana”. Y así fue como Dios usó la lluvia para lavar el mundo. Y puso el arco iris en el cielo para que, cuando lo veáis, os acordéis de que tenéis que teneros en cuenta unos a otros.
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La lección de los sapos "¿por qué justo yo?"

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Lejos de sus familias, se encontraba un grupo de jóvenes provenientes de la tierra de Israel. Entre ellos se encontraban Jananiá, Mishael y Azariá, tres muy apuestos y sabios muchachos de Israel, a quienes el rey caldeo Nevujadnetzar había exiliado para educarlos de acuerdo a su cosmovisión, la cual sin duda, difería mucho de lo que habían aprendido en casa. Desde el primer momento, los tres habían determinado que no iban a consumir ningún alimento que estuviese prohibido por la Torá. En aquella época aún no se publicaba el ahora famoso "HaMadrij LeCashrut", y por lo tanto, se les haría un tanto difícil comer casher sin despertar sospechas. Gracias a la colaboración de un supervisor que les acercaba legumbres frescas diariamente, pudieron evitar transgredir las leyes de la Torá - y el enojo del rey.

Pasaron unos años, y el rey Nevujadnetzar, nada perezoso ni modesto, decidió construir un monumento en honor... a si mismo. Mano de obra no le faltaba , ni tampoco presupuesto. Un monumento de estas características, no se coloca sin una adecuada inauguración con hermosos himnos, interminables discursos y mucha pompa, y... que todos los presentes le rindan homenaje posternándose. Del mismo modo en que Jananiá, Mishael y Azariá representaban a los habitantes de Israel, habían jóvenes de todos los otros países que Nevujadnetzar había conquistado. Nevujadnetzar fue uno de aquellos emperadores que dominaron todo el mundo.

Corría cerca del año 3338 (aprox. -342). Los tres estaban ahora en un dilema. ¿Qué hacer? Posternarse a la imagen?. Los judíos no nos posternamos ante nada ni nadie, salvo a D"s! Sin embargo, esta estructura no representaba realmente un ídolo ni una deidad pagana (ver Tosafot Talmud Pesajim 53:, primera opinión). Su homenaje no sería una afrenta a la Torá. A su vez, podrían ausentarse disimuladamente (segunda opinión - ibid), y sin que nadie percibiera su falta entre la multitud de personas presentes (malestar en la panza, se pinchó la rueda, se cayó el sistema, etc.). Fueron en busca de asesoramiento, pero ni el profeta Iejezquel ni Daniel quisieron opinar. Otra vez: ¿Qué hacer?

Jananiá, Mishael y Azariá no eludieron el desafío. Fueron, no más, a la inauguración y, cuando llegó el momento de homenajear al rey, los tres se quedaron parados en sus lugares. No hubo manera de intimidarlos, y el rey, encolerizado los mandó arrojar a las llamas. Tampoco se asustaron de eso. Pero, inesperadamente ocurrió un milagro. El fuego no los consumió.

El Talmud se pregunta: ¿De dónde sacaron la fuerza y la convicción para semejante acto de bravura? Y el Talmud contesta: "De los sapos (de Egipto)". Antes de continuar, debemos ubicarnos en el tema. Después que el Faraón se negó a dejar ir a los judíos a pesar de la destrucción que hubo porque el Nilo se tornó en sangre, D"s avisó que vendría una plaga de sapos en todo Egipto: "en tu palacio, en tu dormitorio, en tu cama, en las casas de tus sirvientes, en la población, en los hornos y en los recipientes de amasado". El Faraón se mostró terco y no liberó al pueblo. Comenzó la plaga y los sapos invadieron Egipto. "Bueno"- pensaron los sapos (obviamente en idioma "sapezco") - "adónde vamos?" Algunos optaron por la cama monárquica del Faraón. Allí estarían cómodos, se sentirían "como en su propia casa" (aparte de poder presenciar la cara del Faraón con un enojo "real"). Otros fueron a comer los restos de masa cruda en las ollas de la cocina, otros a conocer los tesoros escondidos en las pirámides y otros, buenos turistas, a sacarse fotos al lado de la Geopsis (la represa de Assuán aún no existía). Otros, sin embargo, fueron... al horno caliente. ¿Por qué? Bien. Si D"s dijo que los sapos entrarían al horno caliente, pues, alguno tiene que ir. Por qué yo? Esa es la pregunta eterna. Todos pueden preguntarse lo mismo. En última instancia va... el que asume la responsabilidad.

Alguna vez leí un escrito que decía que, ante un problema determinado del cual estaban todos (everybody) enterados, alguien (somebody) se tendría que hacer cargo. Nadie (nobody) lo hizo, a pesar que cualquiera (anybody) lo podía haber hecho... y así quedaron las cosas...

Jananiá, Mishael y Azariá razonaron: "Si los sapos, que no tienen obligación de ceder sus vidas para santificar el nombre de D"s se arrojaron a los hornos, tanto más nosotros" (Talmud, ibid). En fin, si bien podían haber evitado su presencia, con lo cual técnicamente no hubiesen rendido homenaje a Nevujadnetzar y nadie se hubiera percatado, de todos modos, habría quedado la impresión que todos se posternaron y que nadie objetó.

Moshé recibió la orden de reunir a los ancianos de Israel para ir a solicitarle al Faraón la libertad del pueblo de Israel. Los 70 ancianos de Israel efectívamente los acompañaron - al comienzo. Pero en el camino al palacio, a cada uno se le ocurrió que tenía otro compromiso (llevar a la nena al dentista, comprar verdura para la cena, pagar la tarjeta de crédito...), de modo que Moshé y Aharón fueron solos al rey. La pregunta obvia: "¿Por qué justo yo?" Más tarde, sin embargo, frente al Monte Sinaí, D"s le dijo a Moshé que sólo él subiera - pero los ancianos quedarían en su lugar.

"¿Por qué justo yo?" - es la pregunta que se puede formular todo aquel que se molesta por una causa de bien, aun cuando no hay ni reconocimiento, ni honor, ni paga (por lo contrario, suele suceder que uno termina recibiendo "palos" por parte de otros que no hacen o que, al menos, no saben reconocer todo el esfuerzo que uno puso en la tarea).

¿La recomendación? No deje de ocuparse de todas las causas nobles en las que Ud. sabe que puede colaborar. Nunca se arrepienta de las cosas buenas que hizo o que sigue haciendo. Aunque sea el único que las hace. Aunque no se lo reconozca nadie (terrenal). Recuerde a Jananiá, Mishael y Azariá. Recuerde a los sapos.
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La Huella

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Por donde pases deja una huella.
Para eso no es necesario que pises fuerte, que te hagas notar con autoritarismo, que trates
de llamar la atención con bombos y platillos.
No… No son tus voces de mando, ni tu aspereza, ni tu rigor, ni la ropa que llevas puesta…
será… eso que hay dentro tuyo y no se puede explicar con palabras, eso que nos hace poner
la piel de gallina, o lagrimear, o dudar, o temblar de miedo, entristecerse; será… eso de ti que
has dado con tu corazón:
La palabra al que lo necesita;
Aliento al que está bajoneado;
El consejo que todos pedían;
La generosidad para comprender algunas cosas;
Las personas que hacen las cosas solo para que se las agradezcan no dejan huellas, ni
corazones encendidos. Para dejar una huella hay que quedarse un poco en lo que se hace…
Para dejar una huella… chiquitita… no importa el tamaño, sino el signo que indique que
pasaste por allí.
Eso que tenés dentro, dejalo salir, los sentimientos que nunca te abandonan, se guardan muy
adentro y hay que sacarlos y demostrarlos. Eso que no se puede explicar pero deja huellas.
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La Fábrica de Orgullo

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Hace muchos años funde mi propia empresa ahí produzco orgullo.
Todos los días invierto algo en ella. Ya las acciones están aumentando, y la competencia se siente amenazada.
Esta mañana un amigo me pregunto: ¿cuanto vale tu orgullo?
Yo le conteste: Así como estaba la situación, mi orgullo se está volviendo invaluable.
Luego me pregunto: ¿si mi orgullo vale más que el beso de mi amado, el llanto de mi alma o el dolor de mi padre?
Al ver que no podía contestarle me tomo de la mano y me llevo con el a su fábrica,
Al entrar ahí ví a un grupo de empleados ayudándose unos a otros: madres curando a sus hijos, esposos cuidando a sus familias, e hijos ayudando a caminar a sus padres.
Era una empresa grande llena de luz y vida, pero yo todavía no comprendía el rubro de esta, así que mi amigo de inmediato me contesto: en esta empresa no se venden acciones, solo se produce y se regala amor. No tenemos un mercado meta o
Un perfil del consumidor ni requisitos para los  proveedores, solo nos dedicamos a la sobreproducción del amor.
Todo el que quiera es accionista y a cambio recibe el producto gratis.
Entonces me pregunto si cambiaba de empresa. Yo le conteste que en su empresa no
Garantizaban el sustento de mis gastos, ni el reconocimiento de una sociedad, o el poder de dominar las acciones de otros; y el solo me dijo “la felicidad es gratis cuando el amor es abundante”; en tu empresa compran los que no encontraron a mi empresa, aquellos que se perdieron en el camino, los que buscaban amor por debajo de las piedras y a cambio recibieron humillaciones y desprecios. Se rindieron y dejaron de buscar lo que se había convertido en
Un mito para ellos y fue cuando encontraron tu fábrica y ahora están atrapados en la trampa de el orgullo y viven sus vidas incrementando un vació que solo les deja aislamiento y soledad; todo porque no se detuvieron a producir; solo querían comprar amor pero no sabían como hacerlo.
Hoy te doy la oportunidad de ayudarles, cierra tu empresa - me dijo -  y únete a nosotros.
Después de una larga pausa yo solo pude sonreírme y contestarle: son muchos años de dedicación no puedo echar a perder eso, tú solo quieres el camino libre
Para tener más clientes. Pero tienes que saber que a nadie le interesa tú fábrica, el amor no les da el prestigio que yo les ofrezco.
Así que me di la media vuelta y me regrese a mi empresa a colocar varios
Rótulos en las ventanas y paredes para que todo el mundo leyera que:
“mi orgullo no tiene precio”
¿Qué fábrica quieres tener?

Si eres orgulloso conviene que ames la soledad; los orgullosos siempre se quedan solos.
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Imagina que existe un banco

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Imagina que existe un banco, que cada mañana acredita a tu cuenta $86.400.
Una cuenta que no arrastra tu saldo día a día.
Cada noche borra cualquier cantidad de tu saldo que no hayas retirado durante el día.
¿Qué harías?... retirar hasta el último centavo, ¡por supuesto!

Cada uno de nosotros tiene ese banco.
Su nombre es tiempo.
Cada mañana, al despertar, este banco te acredita y pone a tu disposición 86.400 segundos, ni uno más  ni uno menos, y cada noche, el banco borra y manda a pérdida cualquier cantidad de ese crédito que no hayas invertido en un buen propósito.
Este banco no arrastra saldos, ni permite sobregiros.
Cada día te abre un nuevo crédito. Cada noche elimina los saldos del día que terminó.
Si no usas tus depósitos del día, la pérdida es tuya.
No se puede dar marcha atrás; no existen los giros a cuenta del depósito de mañana.
Debes vivir en el presente con los depósitos de hoy.
Es tu responsabilidad invertir cada día tu tiempo con el fin de conseguir lo mejor  para ti y para los que amas, en salud, en felicidad, en éxito.
El reloj sigue su marcha: consigue lo máximo del día.

Para entender el valor de un año, pregúntale a un estudiante en el final de su carrera.
Para entender el valor de un mes, pregúntale a una madre que alumbró a un bebé prematuro.
Para entender el valor de una semana, pregúntale a un desocupado que busca trabajo.
Para entender el valor de un día, pregúntale al editor de un periódico.
Para entender el valor de una hora, pregúntales a los amantes que esperan encontrarse.
Para entender el valor de un minuto, pregúntale a una persona que perdió el tren.
Para entender el valor de un segundo, pregúntale a una persona que ganó una medalla de plata en las olimpíadas.

Atesora cada momento que vivas y atesóralo más si lo compartiste con alguien especial, lo suficientemente especial como para dedicarle tu tiempo, y recuerda que el tiempo no espera a nadie.

El ayer es historia.
El mañana es misterio.
El hoy es un mágico regalo,
por eso se llama presente.
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Las Huellas en la Arena

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Una noche soñé que iba andando por la playa con Dios y que se proyectaban en el cielo muchas escenas de mi vida. En cada cuadro veía huellas de pisadas en la arena. A veces, las de dos personas y otras sólo las de una. Observé que durante los periodos más difíciles de mi existencia se veían las huellas de una sola persona. Y dije:

- "Me prometiste, Señor, que siempre caminarías a mi lado. ¿Por qué cuando más te necesité no estabas conmigo?"

Él respondió: "Cuando viste las huellas de una sola persona, hijo mío, fue cuando tuve que llevarte en brazos".
Una noche soñé que iba andando por la playa con Dios y que se proyectaban en el cielo muchas escenas de mi vida. En cada cuadro veía huellas de pisadas en la arena. A veces, las de dos personas y otras sólo las de una. Observé que durante los periodos más difíciles de mi existencia se veían las huellas de una sola persona. Y dije:

- "Me prometiste, Señor, que siempre caminarías a mi lado. ¿Por qué cuando más te necesité no estabas conmigo?"

Él respondió: "Cuando viste las huellas de una sola persona, hijo mío, fue cuando tuve que llevarte en brazos".
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Estrellas

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Dentro de este inmenso universo se pueden ver millones de cosas, pero si nos detenemos por un instante y miramos hacia arriba podemos ver dentro del hermoso cielo millones de estrellas.
Existen muchos tipos de estrellas, una de ellas es de luz intensa. Esta estrella ilumina mucho y no siempre está prendida pero cuando está, se hace notar y hasta a veces nos puede encandilar.
Pero como dije antes existen diferentes tipos de estrellas, también está la estrella que brinda una luz tenue. Esta estrella se ve opaca, tiene poca fuerza, pero eso no quiere decir que no se ilumine, tal vez esta estrella está un poco más alejada de la tierra como para que nosotros la podamos ver con mayor intensidad, tal vez tiene vergüenza, y eso no es malo. Tal vez necesite la ayuda de otra estrella para poder brillar más.
¿Y saben lo que es una estrella que brinda luz intermitente? Es una estrella que se prende y se apaga todo el tiempo, y esto quiere decir que a veces no está, y no la podemos ver, pero otras veces sí está, y cuando está se la ve con facilidad.
También existen las estrellas fugaces, que son las que brillan por un tiempo y luego desaparecen.
Existen las constelaciones que son un grupo de estrellas muy difícil de separar.
Existen las estrellas fáciles de identificar, las que resaltan a simple vista, las que están como más cerca y se diferencian de todo el resto.
También están las estrellas que a simple vista no resaltan, pero si uno se da la posibilidad de observarlas bien puede darse cuenta de su luminosidad.
En fin, estas estrellas son las que determinan el espacio en el cual vivimos y es importante poder verlas, diferenciarlas y aceptarlas tal como son.
Es cierto, cada una es diferente, algunas con mayor intensidad y otras con un poco menos, pero cada una es importante y juntas forman el cielo hermoso que tenemos la posibilidad de ver y vivir hoy en día.
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El Puente

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Hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas vecinas, a los que los unía un gran cariño y respeto, rompieron su relación.
Llevaban más de 40 años cultivando sus tierras juntos, hombro a hombro, compartiendo maquinarias, ayudándose en todo, intercambiándose las cosechas y animales en forma continua y desinteresada.
La pelea comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta que terminó en una discusión donde los dos elevaron el tono de palabras como nunca lo habían hecho. Así llegaron los días y las semanas de silencio y rencor.
Una mañana alguien llamó a la puerta de uno de los hermanos. Al abrirla, encontró a un hombre con herramientas de carpintero.
- "Estoy buscando trabajo por unos días - dijo el extraño - Quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso".
"Sí - dijo el mayor de los hermanos - tengo un trabajo para usted.
Mire aquella granja al otro lado del arroyo . Ahí vive mi vecino, bueno, de hecho es mi hermano menor. La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros, y él, con una excavadora, desvió el cauce del arroyo para que separe nuestros campos.
¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de alto, para no verlo nunca más."
El carpintero le dijo: "Creo que comprendo la situación. Muéstreme donde están los clavos y le terminare un trabajo que lo dejará satisfecho."
El hermano mayor ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja para ir por provisiones al pueblo.
El carpintero trabajó duro todo el día midiendo, cortando y clavando.
Cerca del atardecer, cuando el granjero regresó, el carpintero había terminado su trabajo.
El hermano mayor se quedó sorprendido: no había ninguna cerca de dos metros de altura.
En su lugar había un puente, un puente que unía las dos granjas, un puente que se elevaba sobre el arroyo.
En ese momento, su vecino, su hermano menor, lo cruzó desde su granja y abrazando a su hermano le dijo:
"Eres una gran persona, construir este puente después de lo que te he hecho y te he dicho", y los dos hermanos se abrazaron entre lágrimas y risas.
Estaban pidiéndose disculpas cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas y se alejaba: "¡No, espera!, le dijo el hermano mayor, “quédate unos cuantos días. Tengo muchos proyectos para ti", "Me gustaría quedarme", dijo el carpintero, "pero tengo mucho trabajo que hacer. Aún tengo muchos puentes por construir".
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El jarrón de porcelana y la rosa

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El Gran Maestro y el Guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día, el Guardián murió y fue necesario sustituirlo.
El Gran Maestro reunió a todos los discípulos para elegir quién tendría el honor de trabajar directamente a su lado.
-Voy a presentarles un problema -dijo el Gran Maestro. -Y aquél que lo resuelva primero será el nuevo Guardián del templo
Terminado su cortísimo discurso, colocó un banquito en el centro del salón. Sobre éste puso un jarrón de porcelana carísimo, con una rosa roja para adornarlo.
-He aquí el problema -dijo el Gran Maestro.
Los discípulos contemplaron, perplejos, lo que tenían delante: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor. ¿Qué representaba todo eso? ¿Qué debían hacer? ¿Cuál sería el enigma?
Después de algunos minutos, uno de los discípulos se puso de pie, y miró a su vez al Maestro y a los alumnos. Después, caminó resueltamente hacia el jarrón, y lo arrojó contra el suelo, destruyéndolo.
-Tú serás el nuevo Guardián -le dijo el Gran Maestro al alumno.
Cuando éste volvió a su lugar, explicó:
-Yo fui muy claro: les dije que ustedes estaban ante un problema. Sin importar lo bello o fascinante que pueda ser, un problema tiene que ser eliminado.
"Un problema es un problema; puede ser un jarrón de porcelana, un lindo amor que ya perdió su sentido, un camino que ha de ser dejado de lado -pero que insistimos en recorrer porque nos reconforta.
"Sólo hay una manera de lidiar con un problema: atacándolo de frente. En esos momentos, no se puede tener piedad, ni dejarse tentar por el lado fascinante que todo conflicto carga consigo".
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El hombre y el mundo

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Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas. Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar.
El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lugar. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención. De repente se encontró con una revista en donde venía el mapa del mundo, ¡justo lo que precisaba!
Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: “Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto, para que lo repares sin ayuda de nadie”.
Entonces calculó que al pequeño le llevaría días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escucho la voz del niño que lo llamaba calmadamente: “Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo”
Al principio el padre no dio crédito a las palabras del niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, haya conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó  la vista de sus anotaciones con la certeza de que  vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?
- Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lograste armarlo?
- Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja, y vi que había arreglado al mundo.
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El globo negro

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Un niño negro contemplaba extasiado al vendedor de globos en la feria del pueblo. El pueblo era pequeño y el vendedor había llegado pocos días atrás, por lo tanto no era una persona conocida...

En pocos días la gente se dio cuenta de que era un excelente vendedor ya que usaba una técnica muy singular que lograba captar la atención de niños y grandes. En un momento soltó un globo rojo y toda la gente, especialmente los potenciales, pequeños clientes, miraron como el globo remontaba vuelo hacia el cielo.  Luego soltó un globo azul, después uno verde, después uno amarillo, uno blanco... Todos ellos remontaron vuelo al igual que el globo rojo...  El niño negro, sin embargo, miraba fijamente sin desviar su atención, un globo negro que aún sostenía el vendedor en su mano.  Finalmente decidió acercarse y le preguntó al vendedor: Señor, si soltara usted el globo negro. ¿Subiría tan alto como los demás?
 El vendedor sonrió comprensivamente al niño, soltó el cordel con que tenía sujeto el globo negro y, mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: No es el color lo que hace subir, hijo. Es lo que hay adentro.
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El Dilema

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Reír es arriesgarse a parecer tonto.
Llorar es arriesgarse a parecer sentimental.
Entablar relaciones es un riesgo a involucrarse.
Demostrar sentimientos es arriesgarse a ser rechazados.
Dar a conocer tus sueños es arriesgarte a parecer ridículo.
Amar es arriesgarse a no ser amado.
Seguir avanzando en contra de lo poco probable,
Es arriesgarse a fracasar.
Pero todos los riesgos deben tomarse,
Porque el peligro más grande en la vida es no arriesgar nada.
La persona que no arriesga nada, no tiene nada, no es nada.
Puede evitar el sufrimiento y el dolor,
Pero no puede aprender, sentir, cambiar, crecer ni amar;
Atado a todo lo que le da seguridad, es un esclavo:
Ha renunciado a su libertad.
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El árbol que no sabía quién era

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Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales.
Todo era alegría en el jardín; y todos ellos estaban muy satisfechos y felices. Excepto por un solo árbol, profundamente triste.
El pobre tenía un problema: no daba frutos. “No sé quién soy”, se lamentaba.
- Lo que te falta es concentración, - Le decía el manzano – si realmente lo intentas, podrás tener deliciosas manzanas. ¿Ves que fácil es?
- No lo escuches – exigía el rosal. – Es más sencillo tener rosas y ¿Ves que bellas son?.
Y desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:
- No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Es un tu enfoque lo que te hace sufrir.
“No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tu mismo. Conócete a ti mismo como eres. Y para lograr esto, escucha tu voz interior.” Y dicho esto, el búho se fue.
“¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...?” Se preguntaba el árbol desesperado.
Y se puso a meditar esos conceptos.
Finalmente, de pronto, comprendió. Y cerrando los ojos y los oidos, abrió el corazón, y pudo escuchat su voz interior diciendole:
“Tu jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros y belleza al paisaje. Eso es quién eres. ¡Sé lo que eres!”
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de si mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces todo el jardín fue completamente feliz, cada quien celebrándose a sí mismo.
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Discriminación

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Discriminar es fundamental en la vida del ser humano. Lo único que podemos hacer es discriminar. Discriminar es esencialmente el acto de percibir las diferencias entre dos cosas.Discriminar no es ni bueno ni malo. Discriminar es necesario. Es más que necesario, es imprescindible. Discriminar es la herramienta más poderosa que tenemos para sobrevivir en este mundo. Nuestros 5 sentidos son la base que nos permite discriminar, la luz de la oscuridad, el frío del calor, los colores entre sí, los olores, los sabores; podemos discriminar el golpe de la caricia. Nuestros 5 sentidos envían la información al cerebro para que tu mente pueda hacer un análisis de la situación: 1º tu mente establece una diferencia (está haciendo frío), luego analiza la situación (si hace frío me puedo enfermar) y por ultimo establece de que forma te vas a comportar, que vas a hacer, como vas a reaccionar frente a ese estimulo determinado (voy a buscar un abrigo).
El eje del problema aparece cuando ya percibiste la diferencia entre dos cosas, cuando ya discriminaste. Lo importante no es la diferencia en si, sino como tu mente analiza esa diferencia y por supuesto que es lo que haces al respecto.
Tomemos algunos ejemplos: entre los negros y los blancos existen diferencias, entre católicos y judíos, orientales y occidentales, hombre y mujer, niños y adultos, adultos y ancianos, ricos y pobres, homosexuales y heterosexuales, entre los discapacitados y los que no lo están, entre los gordos y los flacos.
El tema es que hacemos con las diferencias. Por suerte para nosotros las diferencias son  la fuente del crecimiento y felicidad. “Solo aceptando y respetando las diferencias, enriqueciéndote de ellas, sin juzgar, tu vida y la de los demás  puede llegar a ser un paraíso. De otra forma la vida de todos siempre será un infierno”
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El justo, las piedras y el perdón de los pecados

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por Shlomo Abas

Había una vez un justo, anciano, querido y respetado por todos. Venían a él hombres y mujeres a confesarse sobre los pecados, pedir su bendición y aprender de sus consejos. Una vez vinieron dos mujeres. Se confesó una de ellas sobre un pecado cometido y le dijo al justo: "Ya fui a pedir perdón por parte del hombre al que le hice mal, pero a pesar de ello, mi conciencia no me da descanso. El hombre acepto mis disculpas, pero quien sabe si D´s me perdonó. Fue muy grave el pecado que cometí y mi pedido es que también D´s me perdone."  El justo se quedó pensando. Luego, se dirigió a la otra señora y le preguntó: "¿Y tú?"  Contestó: "Yo sólo acompañé a mi amiga, la que se confesó hace apenas un instante."  Le preguntó el justo: "¿Y qué deseas?"  "Recibir tu bendición". "Muy bien", dijo el justo, "te doy mi bendición. Parece que no tienes necesidad de confesarte".  Dijo la señora: "No hay cosa alguna que pese sobre mi conciencia, gracias a D´s. Si pequé, estos pecados son sólo pecados pequeños, pequeñas faltas, y no vale la pena que pierdas tu tiempo escuchándome."
Le dijo el justo a la primera de las mujeres: "Vi que se rindió tu corazón ante D´s, y por ello, haz esto hija mía: Sal más allá de la verja de mi casa. Busca y trae una piedra grande y pesada cuanto puedas resistir. Pues es grande el pecado que cometiste." Y a la segunda dijo: "Sal tu también y junta pequeñas piedras, pues tus pecados fueron pequeños. " Salieron ambas e hicieron lo solicitado.  Volvió una y trajo la piedra grande, y la segunda trajo una bolsa llena de piedras pequeñitas. El anciano observó la piedra grande y las pequeñas y dijo: "Hicieron bien. Y ahora por favor, devuelvan la piedra grande y las pequeñas que recolectaron justo en el lugar original y vuelvan a verme, entonces les diré mis palabras."
Fueron las dos e hicieron según solicitara el anciano. La primera encontró fácilmente el lugar de donde extrajo la piedra grande y la depositó allí. La segunda caminó y trabajó y no pudo encontrar de ninguna manera todos los exactos lugares de donde extrajo cada una de las piedras. Volvió a ver al anciano con algunas de las piedras. Le dijo el viejo: "Ahora les diré mis palabras. Tú, la primera, depositaste la piedra grande en su lugar, pues recordaste de donde la sacaste. Así también en cuanto a tu pecado: Recordaste tu gran pecado y torturaste por ello a tu alma. Te avergonzaste de tu pecado y quisiste arrepentirte, y no te avergonzaste en confesarte ante mí. D´s te perdonó." "Y tú, la dueña de las pequeñas piedras, cometiste al parecer pequeños pecados, que no pesaron sobre tu corazón y no te causaron dolor, y no te acordaste de ellos y no te arrepentiste por haberlos cometido. No arreglaste los hechos que cometiste y tal vez les reprochaste a los demás sobre sus pecados. ¿Cómo habrá D´s de perdonarte?"
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Cucharas

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Un rabino mantuvo una conversación con Dios acerca del Cielo y el Infierno. “Te mostraré el infierno”, dijo Dios, y llevó al rabino a un cuarto donde había una gran mesa redonda. Las personas sentadas al rededor de la mesa se veían famélicas y desesperadas. En el medio de la mesa había una enorme cacerola de guiso con un olor tan delicioso que al rabino se le hizo agua la boca. Cada persona sentada alrededor de la mesa tenía una cuchara con una manija muy larga. Aunque las cucharas llegaban a la cacerola, las manijas eran más largas que sus brazos. Como no podían llevarse la comida a la boca, nadie podía comer. El rabino vio que su sufrimiento era en verdad terrible.
“Ahora te mostraré el Cielo”, dijo Dios, y entraron en otro cuarto, exactamente igual que el primero: la misma gran mesa, la misma cacerola de guiso. Como en el otro, las personas tenían cucharas de asa larga, pero todos estaban bien alimentados y saludables. Reían y charlaban. El rabino no entendía lo que pasaba. “Es simple”, le dijo Dios. “En este cuarto, como ves, han aprendido a alimentarse los unos a los otros”.
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Con el tiempo

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Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás deseando no volver a verla.
Con el tiempo te das cuenta de que los amigos verdaderos valen mucho más que cualquier cantidad de dinero.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado solo de amistades falsas.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es solo de almas grandes...
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día lloraras por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona, es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados.
Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana, es demasiado incierto para hacer planes.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.
Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo.... ante una tumba..., ya no tiene ningún sentido...
Pero desafortunadamente....SOLO CON EL TIEMPO....

"EL HOMBRE SE HACE VIEJO MUY PRONTO Y SABIO MUY TARDE" JUSTAMENTE CUANDO YA NO HAY TIEMPO...
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Con el agua en la boca

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Cuando está muy solo busca abrigo
Cuando al fin lo encuentra quiere libertad
No sabe qué busca y se consuela
Cumpliendo el deseo de los demás
Para liberarse compra objetos
Que lo harán atarse todavía más…

Es que el ser humano nunca aprenderá…?
Tiene el agua en la boca y busca el mar…

Cuando va a la escuela está pensando
En cuándo entrará a la facultad…
Cuando se recibe está deseando
Encontrar trabajo y poder triunfar…
Y si lo consigue solo sueña
Con poder un día descansar…
Y así se nos escapa la vida
Mientras los deseos nos piden más, más, más…

Es que el ser humano nunca aprenderá…?
Tiene el agua en la boca y busca el mar…
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